viernes, 22 de agosto de 2008

DETRÁS DEL ESPEJO.






Federico habí­a salido aquella madrugada como todos los dí­as a recoger unas moras por el bosque. Apenas despuntaba el alba cuando oyó un pequeño ruido, alzó la vista y el estruendo de un disparo le hizo saltar como un resorte hacia el interior de unas zarzas cercanas. Conteniendo la respiración mientras un intenso terror se apoderaba de él, se agazapó en el suelo mimetizándose con la vegetación que le ocultaba.

Tras unos segundos eternos observó como aquel enorme conejo, con un gesto de fastidio colgaba su escopeta al hombro y se alejaba por el camino royendo una zanahoria.

miércoles, 20 de agosto de 2008

SIETE HOMBRES SIN PIEDAD



Sentados en aquella mesa del restaurante donde anónimamente habían sido citados por medio de un telegrama, siete hombres se miraban fijamente a los ojos en silencio; algunos de forma familiar, otros desconociendo la identidad de sus acompañantes parecían interrogarse con la mirada.

Alberto, el padre severo e intransigente que había dirigido su vida desde la niñez, nunca comprendió sus ganas de estudiar, de viajar, de conocer... Le obligó a trabajar desde la adolescencia en la pequeña tiende de ultramarinos familiar y enterró sus sueños bajo cajas de botellas de gaseosa y paquetes de lentejas. Javier, su hermano, quien nunca había dado un palo al agua, cuyas maldades tuvo que sufrir desde su infancia y guardarle el debido respeto que su género exigía en la tradición familiar. Antonio, el que fue su marido, aquel muchacho de quien se enamoró con apenas 15 años y que tras unos meses de feliz relación se convirtió en el ogro más odiado ¡tantas palizas en privado, tantas humillaciones en público! Nicolás quien durante más de tres años fue su amante y confidente, en quien se refugió para escapar del infierno cotidiano, y que mes tras mes le prometía dejar a su esposa para escaparse con ella. Don Leopoldo, el supervisor de planta en la empresa donde trabajó los últimos años, un tirano psicópata que disfrutaba con el sufrimiento ajeno, en especial con el suyo, y sus dos hijos, Carlos y Alejandro, que consumieron sus últimas esperanzas de ser feliz, dos balas perdidas entregados al alcohol y la vida fácil convirtieron las noches en interminables y angustiosas esperas y los días en una esclavitud forzada y exigida en aras al amor maternal.

En ese momento un camarero les acercó unas botellas de aguardiente y un sobre que contenía una concisa misiva. Alberto era un hombre muy mayor, casi 90 años, y sus manos temblaban con un parkinson galopante mientras abría el sobre, se lo entregó a su hijo Javier para que leyera la breve epístola, Javier leyó en voz alta:

“Habéis sido los hombres de mi vida, todos vosotros en mayor o menor medida. Hoy solo quiero deciros que os dejo, a todos; os abandono como se abandonan unos zapatos viejos, sin melancolía ni remordimiento, sin tan siquiera rencor, solo con la indiferencia que me produce vuestra pérdida. También he querido dejaros unas botellas de aguardiente para que me olvidéis pronto, aunque estoy segura que no os harán mucha falta. Me voy con Alicia, mi mejor amiga y la mujer que amo, y como Telma y Louise recorreremos el mundo hasta que nuestras fuerzas nos indiquen el final. No os molestéis en buscarme, estad seguros que los años que me quedan seré una mujer feliz.

Hasta nunca,

Piedad.”

sábado, 2 de agosto de 2008

EL BOSQUE DE LOS OGROS



Hoima escuchó ruido en el exterior de la casa donde vivía con su familia, aquella madrugada. Un grupo de más de veinte hombres armados, entraron en la vivienda y separaron a las mujeres de los hombres; su padre y hermanos fueron sacados al exterior y tiroteados junto al pequeño huerto familiar, su hermana y su madre violadas y asesinadas ante sus ojos por una turba de hombres poseídos por el alcohol y la guerra. A ella, una niña de apenas 8 años la secuestraron para ser utilizada como esclava en un destacamento rebelde cerca de la frontera Ugandesa. Hoima recordó aquel viejo cuento que le contó la madre Dominique en la misión católica, y para recordar el camino de su aldea cogió un puñado de piedras que fue soltando desde lo alto del camión militar hasta que se terminaron unos kilómetros después.

La vida de Hoima, junto a otras 5 niñas secuestradas en su misma aldea se convirtió en un pequeño infierno cotidiano, cocinaba, lavaba la ropa de más de 200 hombres, limpiaba los fusiles, cargaba cajas de munición en las largas marchas… otros niños de más edad eran instruidos en el manejo de las armas y tras ser sometidos a una programación para matar, convertidos en bestias asesinas. Cual absurda cenicienta intentó por todos los medios encontrar ese hada madrina que convirtiera aquellas calabazas que los hombres traían a veces requisadas de pequeños campesinos, en carrozas, y las ratas del almacén de provisiones en caballos que la sacaran de allí, pero toda esperanza era en vano, nunca acudió en su ayuda ningún príncipe, y los largos años iban transcurriendo en aquel cochambroso campamento; solo el recuerdo de los cuentos de Sor Dominique le abstraía de tanta miseria y dolor.

Una noche después de beberse unas cajas de whisky que habían robado en el poblado, un grupo de hombres y muchachos la emborracharon y se la llevaron a un bosque cercano, fue violada por todos ellos y golpeada de forma brutal hasta morir; acababa de cumplir 12 años.

De pronto se vio flotando en el cielo, y recordó aquellas palabras que Peter Pan le dirigió a Wendy


.- Piensa cosas maravillosas y ellas te elevarán por el aire.


Y escapó. Escapó volando dejando atrás aquel cuerpo de niña mancillado, roto por la desesperación y por el trabajo. Olvidó aquellas bestias que minutos antes habían saciado sus instintos con ella, y con una sonrisa, de la mano de su vieja profesora Sor Dominique, acompañada de Peter Pan, Wendy, campanilla y la pandilla de los niños perdidos , puso rumbo hacía el país de nunca jamás.