
.- Carlos, has venido hoy al programa para decirle a su esposa que quieres que vuelva, y que estás dispuesto a cambiar.
.- Si, quiero declararme y regalarle este anillo como prueba de mi amor.
.- Pero Carlos, le has sido infiel a tu esposa en reiteradas ocasiones, ¿no es cierto?
.- Si, es verdad, pero prometo ser un esposo ejemplar a partir de este momento, quiero decírselo delante de tu audiencia y de toda España.
.- Se lo dirás después de la publicidad, haremos pasar a tu esposa al plató y podrás declararle tu amor, espero que tengas mucha suerte, un fuerte aplauso para Carlos…
La música de la sintonía del programa de María Rosa rescató a Esperanza de la abstracción en la que se había sumido contemplando la patética historia de Carlos
Intentaba arreglar el desaguiado culinario, pensando que en pocos minutos llegaría su marido del trabajo cuando sonó el teléfono y lo descolgó con un gesto de fastidio.
.- ¿Dígame?
.- ¿
.- Si, yo misma.
.- Mire, soy el jefe de personal de la empresa de su marido Antonio, lamentamos tener que darle una mala noticia.
.- Por Dios, ¿le ha ocurrido algo?
.- Su marido ha sufrido un accidente laboral hace unos minutos, se ha caído desde el andamio en el que estaba trabajando, sentimos comunicarle que no se ha podido hacer nada por su vida, en estos momentos el médico forense acaba de certificar la defunción.
.- Lo sentimos mucho señora, reciba nuestras condolencias.
Una lágrima asomó tímidamente de los ojos de Esperanza, el olor a arroz quemado sea adueñaba del ambiente y la música de continuidad del programa de María Rosa indicaba que tras la publicidad, Carlos estaba a punto de confesar sus infidelidades ante más de 2 millones de telespectadores. En el pequeño Little Big Horn del recibidor, esta vez había ganado el séptimo de caballería, y Antoñito exhibía orgulloso su victoria ante su hermano menor.