miércoles, 13 de octubre de 2010

SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARÍS.





Un pirata como yo ha sufrido innumerables experiencias traumáticas a lo largo de su vida, pero les aseguro que ninguna como pasar dos días en  Eurodisney.

Todo empezó hace unos meses cuando a mi señora se le ocurrió que la niña ya tenía edad suficiente como para "disfrutar" de la magia de los personajes que cada día nos tragamos a través del canal temático en televisión, con el peligro que ya en esas fechas vislumbré, de no poder apagar vía mando a distancia los eventos que tendríamos que sufrir en vivo.  Pero ni mi desbordante imaginación podía preveer  un akelarre semejante. Al llegar al Hotel Sequoia Lodge (  como lo oyen, así se llamaba el hotel en plena Ille de France), nos encontramos con una maravillosa decoración estilo Yellowstone y unos recepcionistas vestidos de Boy Scouts- ya saben el chiste aquel de que los boy scouts son unos niños vestidos de gilipollas mandados por un gilipollas vestido de niño-  que nos iban indicando en que cola ( la primera de decenas) debíamos ponernos para realizar el check in del Hotel. Evidentemente el trato que nos dispensaron no fue mucho mejor que el que dispensaría un monitor de los boy scouts a sus pupilos.

Una vez en el parque, todas las actividades te "premiaban" con una enorme cola de una hora y medio como mínimo, amenizada por unos señores y señoras vestidos de ratas, monstruos, vaqueros o astronautas, antes de poder entrar en la atracción que luego resutaba poco más que el clásico tren de la bruja de todas las  ferias de pueblo. Los espectáculos en la plaza central del parque se limitaban a la coreografía sencilla de baile y canciones con unos muñequitos dando saltidos durante media hora para jolgorio de los niños.

El apartado comidas y cenas con princesas disney y personajes era quizás lo más parecido al  clásico pasaje del terror que he podido ver;  a 60 Euros por comensal y 30 los niños,  te obsequiaban con una bazofia de rancho incomible, en tanto cada diez minutos te interrumpían  distintas princesas que aparecían por la mesa y sentaban los niños en sus rodillas, algo parecido a lo que hacen en los puticlubs de carretera para mayores de edad y  a precio similar, pero sin final feliz. Les he de confesar que la mulata Princesa Tiana me puso un poco brutote, pero descarté la opción de tirarle los tejos dado que no era  el lugar ni el momento, y  a pesar de lo feo que soy tampoco me podría considerar un sapo.

En fin, lo único que compensa tras el fin de semana agotador y decepcionante de la inmersión en la cultura dominante de nuestros días, es la sonrisa de mi hija cuando regresábamos a Barcelona. Todo se da por bien empleado si se consigue la felicidad, aunque sea momentánea, de tus hijos.

11 comentarios:

Bolzano dijo...

Jajajajajaaj, que grande, me duele la mandíbula de tanto reir.
Me has hecho recordar lo que sufrí yo hace unos años, pero no con mis hijos, si no con 35 adolescentes que perseguían a los personajes de Disney para apalearlos,jejejue.

Saludos.

PD: no lo he podido resistir y lo he enlazado en mi facebook

Ciudadana Coja dijo...

jajajajaajaja! jajajaajajaja!
Ya ha merecido la pena tu viaje solo por esta entrada.
A mi también me ha hecho sonreir (amos, partirme de la risa). Ya has amortizado otro poco del viaje... jajajajaajaj!

David Soler dijo...

Pues ya sabes a aprovechar el mundo 2.0 para que todo el mundo se entere y, tal vez, hasta te envíen unas entradas para hacerte olvidar el mal trago ;-)

El lado positivo, como dice Ciudadana, es que te han inspirado contenido para el blog (que ya sabemos lo que cuesta)

María dijo...

Me has sacado sonrisas con tu post, la felicidad de tu hija es felicidad tuya también.-

Saludos.

Mar dijo...

Jajajajaja.

Vicent dijo...

Supongo que lo cuentas así para robarnos unas risas, pero en realidad apuesto a que se te caía la baba continuamente al ver los ojitos desencajados de emoción de tu niña.
Por cierto, no se como será el Yellowstone ese, pero las habitaciones del New York eran una pasada y ofrecen muchas fórmulas para desacerse de los peques una horita. Y con el tren rápido, una excursioncita a la grand ville y una cenita en el Bateau Mouche...

Cristina dijo...

Yo cuando estuve era Navidad y hacía un frío demencial, estaba infestado de niños gritones y todas las fuentes y lagos congelados. Colas infinitas para entrar a los sitios o comer... y se me quemaron las orejas del frío.

Rose Holiday dijo...

Juaaaa!!!! menuda caña!!
Mira,leyéndote me recuerdo a mi misma que mi hija ,de 5 años,está también esa fase de princesitas-llegando a su fin,por suerte-y hace poco me pidió ir allí...
La tengo a medio chantaje para llevarla a la Warner en su lugar y es que no piueddddooo con las Disney princesssssessss!!!!
;)

Mercedes dijo...

En resumen, que te lo pasaste muy bien.

Pues me alegro, de verdad.

Princesitas dijo...

¿Cómo osas utilizar nuestra imagen para hacer burla de tu estancia Disneylandesa? ¡Anda que no eres exagerado ni ná!

¿A qué tu hija lo pasó maravillosamente? Pues eso, para un padre, es lo principal.

Y tú, que eres hombre de posibles, deberías haber ido a un hotel mejor.

:)

mara dijo...

jaja pues yo me lo pasé pipa,como una peque más,con mis 35 añazos,y apuesto a que tu eras uno de esos papis que llevaban esos sombreros de pluto tan divertidos....un beso.